Para llevar a buen término el cotidiano hacer y logrando con ello ser productivo con un sentido positivo hacia el interior de nosotros mismos, como al mundo exterior donde recaen el resultado de nuestro actuar, requerimos indispensablemente de salud, entendiendo ésta en su acepción mas amplia que implica tanto la parte física con toda su compleja bioquímica y alquimia que nos permite generar la energía para expresarnos con un poderoso y sofisticado vehículo, la salud mental que nos posibilita adecuarnos, comprender y disfrutar el mundo al que pertenecemos y el cuerpo energético con el que las emociones y estímulos que nos animan, direccionan el rumbo de nuestros destinos.

 Lo que en la sociedad sucede es el reflejo colectivo del estado interior del individuo que la conforma y los cambios que en ella sucedan serán antecedidos por el esfuerzo individual de trasformación y superar las propias limitaciones, a la vez que alcanzamos niveles de maduración y virtudes que hacen del mundo un lugar hermoso y digno de experimentar a plenitud.

Cuando nos referimos a la sociedad, estamos haciendo mención del particular actuar de los individuos que la conformamos, es decir nosotros mismos y el pretender y referirse a ella como a algo ajeno o aislado es una inmediata muestra de inmadurez e insanidad pública e individual que la daña.

Si pretendemos alcanzar la categoría de civilización y evolución, llevar a buen puerto nuestra estadía en esta tierra, tenemos la responsabilidad individual de ser integralmente sanos e interrelacionarnos participando permanentemente en una colectividad en pro de su salud.
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El campo, el maíz y el capital


El Mercado:
A México durante la década de 1970, llegaron las empresas del norte (Estados Unidos), con la Revolución Verde, impulsada por transnacionales como Monsanto para la industrialización del campo.
 
Esas empresas, actualmente semilleras en sus inicios fueron fábricas de sustancias químicas, que vendieron como venenos y armas para la guerra, el AGENTE NARANJA es uno de ellos suministrado por Monsanto al ejército estadounidense para combatir a los Vietnamés en los 60s.

Monsanto, Du Pont y Syngenta idearon que los venenos para matar la yerba en zonas de gran biodiversidad, podrían ser vendidos como insumos para la agricultura.
 
Para los campesinos de México y del mundo eso no era necesario, después de una práctica agrícola de más de 7 mil años.


El gobierno:
Sin embargo en México los gobiernos se sometieron al juego de las trasnacionales por ejemplo: en los años 70s con Echeverría se creo el BANRRURAL un programa de subsidio al campo, que suministro gratuitamente agroquímicos por todo el país, LO CUAL SIGNIFICO DESPOJO DE TIERRAS Y PRIVATIZACIÓN DEL AGUA.

Después de 40 años los resultados de la Revolución Verde son: una tremenda profanación a la naturaleza y a la salud de la gente, suelos compactados, monopolio de tierras, erosión, deforestación, contaminación de aguas profundas y superficiales, plagas y cáncer.

Los transgénicos:
Aun así en 2005 el Estado mexicano aprueba la ley de Bioseguridad y Organismo Genéticamente Modificados, mejor conocida como ley Monsanto. Ahora los promotores del desastre campesino permanecen en el mercado agrícola nacional, encubiertos con una nueva iniciativa: la Revolución Biotecnológica: Semillas transgénicas que contienen en sí mismas, toxinas insecticidas.

Lo sucedido con el uso de ingeniería genética en semillas es escalofriante. Por un lado el residuo de tóxicos en alimentos aumentó 200 veces. Los efectos a la salud no son menores, alergias, debilidad inmunológica, esterilidad, problemas en vaso, hígado y riñones.

El 90% del mercado en semillas transgénicas lo tiene Monsanto y si por si fuera poco si las variedades nativas se contaminan con polen de variedades transgénicas, perderíamos las semillas originarias.


La resistencia:
Lo pueblos originarios de México y el mundo, luchan por la preservación de los territorios, la generación de biodiversidad, las economías de autoconsumo y una vida sustentable. Y la gente en las ciudades luchamos por alimentos sanos, aire limpio y agua potable.

Las comunidades campesinas, junto con sus autoridades tradicionales, las que mandan obedeciendo, después del analizar reflexionar colectivamente, a nivel regional y comunitario: deciden no permitir la entrada de semillas transgénicas. Y nos cuentan para que aprendamos o recordemos, quienes ya no sembramos: sobre la milpa y diversidad de plantas comestibles que alberga, la generación de biodiversidad al mantener las formas agrícolas tradicionales, los controles biológicos naturales y el mejoramiento histórico y continuo de los granos a partir de la convivencia mutua entre campesinos y territorio.

Al escuchar sus palabras, recordamos que la vida se desenvuelve naturalmente, entre el espacio y el tiempo, en un andar constante pero sin prisa.
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Aportación de: Socióloga Maya Piedra Galindo